Encuentros de Promoción Juvenil
El Movimiento Encuentros Juveniles (MEJ), forma parte del “Movimiento Encuentros de Promoción Juvenil" (MEPJ), el cual es un movimiento internacional fundado por el Pbro. José María Pujadas Ferrer de nacionalidad española, en Medellín en el año de 1968.
Desde Colombia, durante más de cuarenta años el MEPJ se ha extendido por diversos países. El Movimiento Encuentros de Promoción Juvenil actualmente existe en más de 14 países distribuidos en cuatro regiones: Región Norte: Estados Unidos y México. Región Centroamericana: Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Región Sur-Caribe: Colombia, Venezuela, Perú, República Dominicana y Puerto Rico. Región Europea: España e Italia.
El 29 de junio de 1996 el Consejo Pontificio para los Laicos decretó el reconocimiento del Movimiento Encuentros de Promoción Juvenil como Asociación Internacional privada de Fieles de Derecho Pontificio, con personalidad jurídica, según los cánones 298 a 311 y 321 a 329 del Título V (Libro II, Parte I) del Código de Derecho Canónico, que se encuentra regulada por las normas legales y eclesiásticas para esta clase de organismos.
Como toda Asociación Internacional privada de Fieles, su tarea esencial es de promoción, en este caso del apostolado de los laicos. Es decir, que el MEPJ, es un apostolado en el cual cada uno de nosotros puede servir a Dios y a su Iglesia.
El don precioso de este reconocimiento de Asociación Internacional privada de Fieles de Derecho Pontificio es el vínculo fuerte que nos une con el Santo Padre, con el corazón universal de la Iglesia y con sus primeros colaboradores. Estamos llamados a fomentar la vocación cristiana en el mundo, debemos cooperar en nuestras parroquias, el movimiento ha sido fundado para la evangelización de la juventud.
Responde al desafío lanzado a los jóvenes por la Iglesia en el Concilio Vaticano II, en el decreto sobre el Apostolado de los Seglares, para ejercer su misión entre los mismos jóvenes.
Hoy de nuevo la Iglesia nos pide ponernos en misión, nos pide renovarnos día a día (tener un encuentro personal de ojos y corazón abierto), recordando al Papa Juan Pablo II, y nos pide ofrecer todos nuestros dones, para el servicio, en nuestro caso de manera especial a los jóvenes (Documento de Aparecida).
Hacer que toda la Iglesia sea misionera es una tarea gigantesca, por parte de los Obispos de Latinoamérica. Poner el movimiento en estado de MISION es volver a repasar las palabras del “Hombre nuevo”. “¿Qué hay de imposible para el que cree y difícil para el que ama?”
